Rodeado de cuatro niños que le habían escrito cartas pidiéndole que hiciera "algo" para evitar otra matanza escolar, el Presidente también propuso al Congreso prohibir la venta de armas estilo militar y cargadores de alta capacidad, así como regulaciones más estrictas para la venta y compra de armas.
El día anterior, a un mes exacto de la masacre en la escuela Sandy Hook, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, logró el apoyo mayoritario de la legislatura estatal para pasar medidas que refuerzan las ya estrictas leyes existentes.
Felicitamos a ambos líderes por la pronta reacción a los hechos ocurridos en Newtown y a la sangre que se derrama, con consecuencias mortales, unas 30 veces al día a lo largo y ancho del país. Pero después de dar la palmadita en la espalda a ambos dirigentes, no crean que podemos soltar un suspiro de alivio.
El trabajo difícil comienza ahora, especialmente para el plan de Obama.
"Estas son medidas de sentido común que tienen el apoyo de los estadounidenses", dijo el Presidente. Pero él sabe muy bien que el "sentido común" no es precisamente lo que reina en el Capitolio, especialmente en la Cámara de Representantes que está bajo el control de una mayoría conservadora que vive del miedo y de las donaciones de la National Rifle Association y los fabricantes de armamentos.
Para ellos la solución a la inundación de armas entre la población civil es más armas y menos regulaciones. Ellos duermen con escopetas bajo la almohada y quieren que todos hagamos lo mismo.
"La única manera de lograr el cambio es que los constituyentes digan que es tiempo de cambiar", dijo Obama, retándonos a exigir que nuestros representantes en el Congreso voten a favor de las medidas anunciadas.
Y así es. Para que les salga el tiro por la culata a los mercaderes de armas, es necesario que la mayoría de la población, que según las encuestas están a favor de las medidas presentadas por el Presidente, dejen escuchar su voz, a todo volumen y sin descanso.
Señoras y señores, es tiempo de cambiar. El camino es largo y cuesta arriba, pero hay que empezar por alguna parte.
Agarren el teléfono o envíen un correo electrónico o escriban una carta con papel y pluma o envíen señales de humo a su congresista y senador en Washington y déjenle saber lo que ustedes piensan al respecto. Y mientras tanto, para aquellos que tienen hijos, por favor, no le compre pistolas de juguetes ni video juegos que glorifican la violencia y hacen del crimen una diversión.
No hay tiempo que perder. Es cuestión de vida o muerte.
doloresprida@aol.com
January 15 2013, 12:01 AM
Por:
Dolores Prida
La confirmación de la rumorada renuncia de Antulio "Kobbo" Santarrosa (la voz de la controvertida marioneta La Comay) de WAPA-TV en Puerto Rico, sigue en el aire, en competencia con la especulación mediática de si Hugo Chávez está vivo o muerto.
Algunos líderes de la protesta contra La Comay y su lengua viperina están locos por cantar victoria y apuntar sus cañones ultramarinos para seguirla hasta Estados Unidos en caso que también confirmen que la muñeca bochinchera se muda a MEGA-TV.
El tipo de humor que representa La Comay y esos adolescentes mentales de vacilones mañaneros en la radio hispana me es repugnante, y peor aún, no me hace reír. Pero como tengo libre albedrío, nunca los escucho. Esa es la única forma de censura que tolero.
Y ahí, como diría Cantinflas, es que está el detalle.
Para mí, como escritora, la libertad de expresión es la más valiosa de todas las libertades que disfrutamos en este país. El derecho de todo ciudadano a expresar cualquier opinión, por detestable que sea, está protegido por la Primera Enmienda a la Constitución y es la vaca más sagrada entre todas las vacas sagradas constitucionales. Muuu.
Aunado al derecho propio y de otros a expresar ideas, opiniones, patrañas, chismes y chistes , está el derecho— y a veces el deber— de no escucharlo.
La radio y la televisión son negocios en manos de corporaciones privadas cuya meta principal es ganar dinero a toda costa. El precio de los anuncios depende de los ratings de cada programa, por lo tanto levantar los ratings equivale a aumentar las ganancias.
Mientras haya radioescuchas y televidentes que vean, oigan y apoyen programas chabacanos, vulgares y mentirosos, existirán programas como La Comay y televisoras como Fox News y los cientos de programas radiales que ofrecen una catarata de verborrea odiosa y manipulativa 24 horas al día.
Nunca me he sentido cómoda con protestas que hacen salir del aire a comentaristas por haber expresado una opinión que tal o mas cual grupo considera insultante. Siempre he creído en aquello de "no estoy de acuerdo con nada de lo que dices, pero moriría por defender el derecho que tienes a decirlo". Bueno, lo de morir es un poco exagerado. Les aseguro que no tengo la menor intención de dar una gota de sangre por La Comay ni por Glenn Beck ni por Sean Hannity, pero es el principio lo que cuenta.
Si hacemos callar a aquellos cuyas palabras nos ofenden, ¿con qué moral vamos a quejarnos cuando alguien trate de callar nuestra opinión ?
Vivir en una democracia no es fácil. Requiere participación constante. Es un dar y tomar, conscientes de que tus derechos terminan donde comienzan los del otro. Encontrar y mantenerse balanceado en esa raya, en esa cuerda floja de interacción con los conciudadanos, ya sea en situaciones aparentemente triviales como no tirar basura a la puerta de la casa del vecino o tocar la música a todo volumen, hasta votar en cada elección, es la esencia de civismo y ciudadanía concienzuda.
January 10 2013, 12:01 AM
Por:
Dolores Prida
Algunos líderes de la protesta contra La Comay y su lengua viperina están locos por cantar victoria y apuntar sus cañones ultramarinos para seguirla hasta Estados Unidos en caso que también confirmen que la muñeca bochinchera se muda a MEGA-TV.
El tipo de humor que representa La Comay y esos adolescentes mentales de vacilones mañaneros en la radio hispana me es repugnante, y peor aún, no me hace reír. Pero como tengo libre albedrío, nunca los escucho. Esa es la única forma de censura que tolero.
Y ahí, como diría Cantinflas, es que está el detalle.
Para mí, como escritora, la libertad de expresión es la más valiosa de todas las libertades que disfrutamos en este país. El derecho de todo ciudadano a expresar cualquier opinión, por detestable que sea, está protegido por la Primera Enmienda a la Constitución y es la vaca más sagrada entre todas las vacas sagradas constitucionales. Muuu.
Aunado al derecho propio y de otros a expresar ideas, opiniones, patrañas, chismes, chistes y bochinches, está el derecho— y a veces el deber— de no escucharlo.
La radio y la televisión son negocios en manos de corporaciones privadas cuya meta principal es ganar dinero a toda costa. El precio de los anuncios depende de los ratings de cada programa, por lo tanto levantar los ratings equivale a aumentar las ganancias.
Mientras haya radioescuchas y televidentes que vean, oigan y apoyen programas chabacanos, vulgares y mentirosos, existirán programas como La Comay y televisoras como Fox News y los cientos de programas radiales que ofrecen una catarata de verborrea odiosa y manipulativa 24 horas al día.
Nunca me he sentido cómoda con protestas que hacen salir del aire a comentaristas por haber expresado una opinión que tal o mas cual grupo considera insultante. Siempre he creído en aquello de "no estoy de acuerdo con nada de lo que dices, pero moriría por defender el derecho que tienes a decirlo". Bueno, lo de morir es un poco exagerado. Les aseguro que no tengo la menor intención de dar una gota de sangre por La Comay ni por Glenn Beck ni por Sean Hannity, pero es el principio lo que cuenta.
Si participamos en hacer callar a aquellos cuyas palabras nos ofenden, ¿con qué moral vamos a quejarnos cuando alguien trate de callar nuestra opinión porque no está de acuerdo con ella?
Vivir en una democracia no es fácil. Requiere participación constante. Es un dar y tomar, conscientes de que tus derechos terminan donde comienzan los del otro. Encontrar y mantenerse balanceado en esa raya, en esa cuerda floja de interacción con los conciudadanos, ya sea en situaciones aparentemente triviales como no tirar basura a la puerta de la casa del vecino o tocar la música a todo volumen, hasta votar en cada elección, es la esencia de civismo y ciudadanía concienzuda.
Ahora, exprésense ustedes. Muuu.
doloresprida@aol.com
January 03 2013, 12:01 AM
Por:
Dolores Prida
Pero la verdad es que no sé qué hacer con este año por su definición numérica. Para muchos el número 13 es de mal agüero. Por eso es que no vemos en los elevadores de hoteles y rascacielos un botón para el piso 13. Del 12 salta al 14 y todos aceptamos el engaño, pues el piso 13 no ha desaparecido. Sigue ahí, escondido tras una identidad falsa: piso 14.
Por otro lado, no importa qué año sea, si es martes y es 13…ni te cases ni te embarques. Ya veremos qué pasa en agosto que nos ofrece el único martes 13 del 2013.
Pensamos que el 2012 fue un año duro y angustioso y con las 12 campanadas dijimos solavaya, olvidándonos de que, después de todo, pasaron algunas cosas buenas: la mayoría decidió darle un segundo chance al Presidente Obama, los mayas se equivocaron y no se acabó el mundo el 21 de diciembre, y al último minuto, no nos caímos por el precipicio fiscal [suspiro de alivio].
Pero ¿qué vamos a hacer si los 365 días de este año son como un eterno martes 13? Podemos elegir no casarnos ni embarcarnos ya que tenemos control sobre esos eventos. El problema es que viviremos estresados esperando que ocurra algo terrible en cualquier momento— un contra-ataque de chinches y virus del Nilo, otra tormenta devastadora, otros terremotos, tsunamis y tornados, otro desplome de la economía, otra matanza de niños.
Pero lo peor que puede pasar sería que de volver a ocurrir esas tragedias y otras no imaginadas aún, no sintamos nada y las tomemos como ocurrencias normales. Otro día, otra semana, otro mes [bostezo].
Para tranquilizarme un poco corrí a Google a buscar que pasó en 1913. En una lista que encontré, con la excepción de unas inundaciones en El Salvador, no apareció nada de tormentas feroces ni asesinatos de niños en salones de clase de primer grado. Como siempre había guerra en algún que otro país y ya se sentía la posibilidad de la Primera Guerra Mundial que daría comienzo en noviembre del 1914, y varios quítate-tu-para-ponerme-yos políticos. También pasaron cosas extrañas como la prohibición del Papa Pio X de que se pasaran películas (que en aquel entonces eran silentes) en las iglesias. [¿?]
Pero pasaron cosas buenas como, por ejemplo, la inauguración de la mayor terminal ferroviaria del mundo, Grand Central en Nueva York; la primera transmisión telefónica sin hilos entre Nueva York y Berlín y el Rey Alfonso XIII dio un vuelo en el dirigible "España".
Además, en el 1913 nacieron muchos personajes notables que luego hicieron grandes aportaciones a la humanidad. Entre mis favoritos se encuentran: Rosa Parks, activista por los derechos civiles estadounidense; Pedro Mir, poeta nacional dominicano; Albert Camus, escritor francés, Premio Nobel de Literatura 1957; la bellísima actriz Hedy Lamarr y el incomparable actor Burt Lancaster.
Me siento mejor. Si el mundo sobrevivió la maldición del número 13 hace 100 años, creo que nosotros podemos hacer lo mismo en este nuevo siglo, ¿no creen? [ronroneo de contentura].
doloresprida@aol.com
December 27 2012, 3:15 PM
Por:
Dolores Prida
Las imágenes que las adornan no han cambiado mucho desde entonces: niños bonitos y felices abriendo regalos, Santa Claus en trineos tirados por venados, Reyes Magos montados en camellos, hombres de nieve con narices de zanahoria y cosas por el estilo.
Y todas esas tarjetas vienen con la leyenda ya impresa, en caso que no sepamos qué mensaje escribir: Feliz Navidad, Próspero Año Nuevo, Paz en la Tierra a los Hombres de Buena Voluntad.
Es bonito recibirlas y colocarlas sobre una mesa o colgarlas de una puerta. Es bonito recibirlas de amigos y familiares con quienes no hemos estado en contacto desde… bueno, las Navidades pasadas. Además, ayuda al servicio de correos a mantenerse solvente ya que está al borde de la bancarrota desde la creación del Internet y los e-mails.
Pero tenemos que admitir que todos esos buenos deseos no han funcionado en siglo y medio. Las tarjetas que los contienen terminan allí en la cesta de reciclaje, junto al periódico de ayer y el papel de regalos rasgado a toda prisa.
Lo cierto es que no todos han tenido una Feliz Navidad. Y aún aquellos que la han tenido y se han sentado alrededor de una mesa recargada de perniles, tamales, hallacas y turrones en compañía de sus seres queridos, sufrirán de acidez estomacal más tarde o más temprano.
Lo de Próspero Año Nuevo sigue y seguirá siendo un castillo en el aire, un sueño plasmado en un boleto de la lotería. Y siempre habrá en el mundo algunas familias que verán su sueño hecho realidad.
En cuanto a Paz en la Tierra a Hombres de Buena Voluntad, el más elusivo de todos los deseos navideños… pasemos la página. Eso nunca ha ocurrido. Siempre hay guerra en alguna parte del planeta. Y los hombres de buena voluntad parece que siempre son derrotados por los de mala voluntad que son los que empiezan las guerras en primer lugar. Por qué no se desea paz en la tierra a las mujeres es una prueba más de que para muchos las mujeres no cuentan.
Pienso que debían eliminar ese dicho de las tarjetas de Navidad. Es como pedirles peras al olmo. Es como llover sobre mojado.
No es que quiera hacer el papel de aguafiestas, pero creo que lo importante es lo que todos y cada uno hacemos el resto del año y no los deseos que se expresan en tarjetas una vez al año durante la época navideña.
Pero eso es mucho más difícil que ir de shopping al mall más cercano a dar codazos para comprarles a los niños el regalo más padrísimo que ellos vieron en la tele y que si no lo reciben quedarán traumados para el resto de sus vidas.
Tener buena voluntad y contribuir a la paz, ser felices y trabajar para crear nuestra propia prosperidad a diario es una enorme tarea, y no luce tan bonito en las tarjetas. Pero es lo que hay que hacer.
El 2012 ha sido un año terrible, lleno de catástrofes y muertes, algunas inevitables otras totalmente prevenibles.
El 2013 tiene que ser un año de sanación y recuperación y renovado optimismo para todos—hombres, mujeres, niños y niñas de buena voluntad.
Esos son regalos que no traerán Santa Claus ni los Reyes Magos. Son regalos que debemos hacernos a nosotros mismos.
doloresprida@aol.com
December 18 2012, 12:01 AM
Por:
Dolores Prida
Hace unos días cuando vi el documental Who's Black in America? (¿Quién es negro en América?) no he dejado de pensar en el tema que analiza: la definición y auto-definición racial de gran número de estadounidenses y el prejuicio basado en el tono de piel entre los mismos afro-americanos.
La animadora del documental es Soledad O'Brien, la reconocida reportera y ancla del programa mañanero Starting Point en CNN. Soledad es hija de una cubana negra y de un australiano-irlandés blanco. Para nosotros ella luce latina. Una bella mulata clara, típica del Caribe hispanohablante, sobre quien se han escritos cientos de canciones y poemas.
Sin embargo, ella se auto-define como negra. Según ella, su madre le dijo una vez, "no dejes que nadie te diga que no eres negra".
Y a lo largo del programa, varios de los entrevistados, en su mayoría hijos de parejas bi-raciales, hacen hincapié en que ser negro no tiene que ver con el color de la piel. Casi todos confiesan sentirse ofendidos si alguien les pregunta, "¿Qué eres?"
La palabra mulato,que se refiere explícitamente a una persona cuyos padres son uno blanco y otro negro, no se menciona en el programa. Aquí los afro-americanos la consideran un insulto por su etimología que se remonta a la época de la esclavitud.
Y con buena razón. La palabra mulato hace referencia a la mula, un animal híbrido, producto del cruce entre un caballo/yegua y un burro/a. Debido al racismo y a la posición subordinada de los esclavizados, en su mayoría negros, se asociaba el burro a la persona negra y la yegua a la blanca.
No que en América Latina hayamos superado los conflictos raciales impuestos por la colonización pero, al menos en el Caribe, con el pasar del tiempo la palabra mulato ha ido perdiendo su rancio aroma de desprecio e inferioridad congénita, hasta casi convertirse en símbolo de la "raza cósmica", de la mezcla que es en sí la cultura latinoamericana.
Pero a diferencia de EEUU, en América Latina muchos se hacían de la vista gorda y eventualmente a los mulatos claros se les permitían "pasar" por blancos. De ahí viene el dicho "¿Y tu abuela dónde está?" —no había más que escarbar un poco en las raíces del árbol genealógico de alguna persona para descubrir una abuela o bisabuela negra.
En un país que a pesar de tener una creciente población multicultural y multiracial, sigue obsesionado en definirlo todo en blanco y negro, muchos jóvenes se sienten atrapados en un limbo racial que los traumatiza.
Quizás es hora de que al igual que los homosexuales rescataron y dieron dignidad a palabras anteriormente peyorativas, como "queer" y "pato", los hijos de parejas bi-raciales, empezando con el Presidente Obama y Soledad O'Brien, llamen al pan, pan y al vino, vino y declarar con orgullo, así reconociendo a ambos padres y madres, "soy mulato", "soy mulata".
December 13 2012, 1:00 PM
Por:
Dolores Prida
Algunas batallas se pelean y se ganan. Otras nunca terminan …como las de la dignidad, el respeto y el reconocimiento de nuestra humanidad, ya sea como minorías étnicas o raciales, género y preferencia sexual.
A veces, con el pasar del tiempo, nos cansamos y nos damos cuenta que nunca vamos a vaciar el océano con una cesta. O la madurez nos ayuda a no dejar que cualquier cosa nos ponga mal de los nervios y nos volvemos más selectivos antes de desplegar nuestra ira.
En estos días varias ofensas a los latinos han tomado bastante espacio en las discusiones que se llevan a cabo en los medios sociales.
Algunas son tontas y en realidad no tienen importancia, como las chicas de una sororidad de la Universidad de Pensilvania que se disfrazaron de mexicanas con poncho y bigotes para una fiesta.
Este tipo de ignorancia y estupidez adolescente a mi hace tiempo que dejó de subirme la bilirrubina. No vale la pena perder el tiempo con eso.
El otro caso es en Puerto Rico, donde se ha un llamado a boicotear el programa de TVSuperXclusivo de WAPA-TV y sus patrocinadores. La razón es La Comay, que no es siquiera una persona, si no una marioneta chismosa que habla mal de todo el mundo, especialmente de los homosexuales.
Esto si me parece bien. Muchas veces nos quejamos de cualquier ofensa que provenga de los no-latinos, pero cuando se trata de nuestra propia gente, nos hacemos de oídos sordos. La radio y televisión en español, así como los cómicos latinos, a menudo pecan de vulgaridad y en muchas ocasiones utilizan más estereotipos que cualquier ignorante no-latino.
La tercera y más importante de las quejas recientes es la de la escasez de latinos en los prestigiosos premios Kennedy Center Honors, que fueron otorgados la semana pasada en una ceremonia con el Presidente Obama. Desde que se estableció este premio en 1978 para honrar artistas por su logros de toda una carrera y su contribución a la cultura norteamericana —-o que llaman 'lifetime awards' —solo dos hispanos lo han recibido: Plácido Domingo en el 2000 y Chita Rivera en el 2002.
Creo que es bueno recordar a los jueces del Kennedy Center que consideren a artistas minoritarios, pero lo cierto es que, debido a que por años nuestros artistas han sido excluidos o ignorados del gran escenario, la lista de candidatos es bastante corta.
En vez de llorar sobre mojado, sería bueno apoyar, para el año que viene, dos o tres de las más importantes figuras que merecen ese premio por su larga trayectoria, como los actores Rita Moreno y Martin Sheen. Pero primero en la lista yo pondría, por su edad, al argentino Lalo Schifrin, compositor, pianista de jazz y conductor, autor de docenas de temas musicales para cintas cinematográficas, ganador de cuatro Grammys y nominado para seis Oscares. Usted sabe quién es: el compositor de los temas de las películas Mission Impossible, Bullitt, Dirty Harry y Rush Hour, entre muchas otras.
December 13 2012, 12:01 AM
Por:
Dolores Prida
La animadora del documental es Soledad O'Brien, la reconocida reportera y ancla del programa mañanero Starting Point en CNN. Soledad es hija de una cubana negra y de un australiano-irlandés blanco. Para nosotros ella luce latina. Una bella mulata clara, típica del Caribe hispanohablante, sobre quien se han escritos cientos de canciones y poemas.
Sin embargo, ella se auto-define como negra. Según ella, su madre le dijo una vez, "no dejes que nadie te diga que no eres negra".
Y a lo largo del programa, varios de los entrevistados, en su mayoría hijos de parejas bi-raciales, hacen hincapié en que ser negro no tiene que ver con el color de la piel. Casi todos confiesan sentirse ofendidos si alguien les pregunta, "¿Qué eres?"
La palabra mulato (en inglés, mulatto), que se refiere explícitamente a una persona cuyos padres son uno blanco y otro negro, no se menciona en el programa. Aquí los afro-americanos la consideran un insulto por su etimología que se remonta a la época de la esclavitud.
Y con buena razón. La palabra mulato hace referencia a la mula, un animal híbrido, producto del cruce entre un caballo/yegua y un burro/a. Debido al racismo y a la posición subordinada de los esclavizados, en su mayoría negros, se asociaba el burro a la persona negra y la yegua a la blanca.
No que en América Latina hayamos superado los conflictos raciales impuestos por la colonización pero, al menos en el Caribe, con el pasar del tiempo la palabra mulato ha ido perdiendo su rancio aroma de desprecio e inferioridad congénita, hasta casi convertirse en símbolo de la "raza cósmica", de la mezcla que es en sí la cultura latinoamericana.
Pero a diferencia de Estados Unidos, en América Latina muchos se hacían de la vista gorda y eventualmente a los mulatos claros se les permitían "pasar" por blancos. De ahí viene el dicho "¿Y tu abuela dónde está? – no había más que escarbar un poco en las raíces del árbol genealógico de alguna persona para descubrir una abuela o bisabuela negra.
En un país que a pesar de tener una creciente población multicultural y multiracial, sigue obsesionado en definirlo todo en blanco y negro, muchos jóvenes se sienten atrapados en un limbo racial que los traumatiza.
Quizás es hora de que al igual que los homosexuales rescataron y dieron dignidad a palabras anteriormente peyorativas, como "queer" y "pato", los hijos de parejas bi-raciales, empezando con el Presidente Obama y Soledad O'Brien, llamen al pan, pan y al vino, vino y declarar con orgullo, así reconociendo a ambos padres y madres, "soy mulato", "soy mulata".
December 06 2012, 12:01 AM
Por:
Dolores Prida
A veces, con el pasar del tiempo, nos cansamos y nos damos cuenta que nunca vamos a vaciar el océano con una cesta. O la madurez nos ayuda a no dejar que cualquier cosa nos ponga mal de los nervios y nos volvemos más selectivos antes de desplegar nuestra ira.
En estos días varias ofensas a los latinos han tomado bastante espacio en las discusiones que se llevan a cabo en los medios sociales.
Algunas son tontas y en realidad no tienen importancia, como las chicas de una sororidad de la Universidad de Pensilvania que se disfrazaron de mexicanas con poncho y bigotes para una fiesta. En la foto que colgaron en Facebook, dos de ellas sostienen letreros que hacen referencia a cortar el césped y fumar marihuana.
Este tipo de ignorancia y estupidez adolescente a mi hace tiempo que dejó de subirme la bilirrubina. No vale la pena perder el tiempo con eso.
El otro caso ocurre en Puerto Rico, donde se ha hecho un llamado a boicotear el programa de televisión SuperXclusivo de WAPA-TV y a sus patrocinadores. La razón es La Comay, que no es siquiera una persona de carne y hueso, si no una marioneta chismosa que habla mal de todo el mundo, especialmente de los homosexuales.
Esto si me parece bien. Muchas veces nos quejamos de cualquier ofensa que provenga de los no-latinos, pero cuando se trata de nuestra propia gente, nos hacemos de oídos sordos. La radio y televisión en español, así como los cómicos latinos, a menudo pecan de vulgaridad y en muchas ocasiones utilizan más estereotipos que cualquier ignorante no-latino.
La limpieza debe empezar por casa y este es un buen escobazo. Ojalá que La Comay (voz de su creador Kobbo Santarrosa) aprendan a comportarse con más clase y aprendan que no hay que ser vulgar o insultante para hacer reír a la gente.
La tercera y más importante de las quejas recientes es la de la escasez de latinos en los prestigiosos premios Kennedy Center Honors, que fueron otorgados la semana pasada en una ceremonia con el Presidente Obama. Desde que se estableció este premio en 1978 para honrar artistas por su logros de toda una carrera y su contribución a la cultura norteamericana --lo que llaman lifetime awards—solo dos hispanos lo han recibido: Plácido Domingo en el 2000 y Chita Rivera en el 2002.
Creo que es bueno recordar a los jueces del Kennedy Center que consideren a artistas minoritarios, pero lo cierto es que, debido a que por años nuestros artistas han sido excluidos o ignorados del gran escenario, la lista de candidatos es bastante corta. Para algunos, como las leyendas Desi Arnaz y Ricardo Montalban, ya es muy tarde. Ambos murieron bastantes años después de establecerse el premio del Kennedy Center.
En vez de llorar sobre mojado, sería bueno apoyar, para el año que viene, dos o tres de las más importantes figuras que merecen ese premio por su larga trayectoria, como los actores Rita Moreno y Martin Sheen. Pero primero en la lista yo pondría, por su edad, al argentino Lalo Schifrin, compositor, pianista de jazz y conductor, autor de docenas de temas musicales para cintas cinematográficas, ganador de cuatro Grammys y nominado para seis Oscares. Usted sabe quién es: el compositor de los temas de las películas Mission Impossible, Bullitt, Dirty Harry y Rush Hour, entre muchas otras.
doloresprida@aol.com Puede que algunos latinos asustados con esta cantaleta diaria ya se vean caer barranco abajo con las 12 uvas atragantadas en la garganta al momento mismo en que la bola comience su descenso en Times Square. Cálmense. No será así la cosa. De no llegarse a un acuerdo antes del primero de enero, el desmadre vendrá por entregas, como capítulos de una telenovela colmada de villanos desalmados. Creo que habrá un compromiso entre los republicanos que no quieren que se aumenten los impuestos a los millonarios y billonarios y los demócratas que rehúsan recortar el presupuesto a programas como Medicare, Medicaid y el Seguro Social. Aunque técnicamente los gastos del Seguro Social no contribuyen al déficit federal puesto que cada trabajador y su patrono contribuyen a ese fondo mensualmente, la realidad es que no se recauda la suficiente para cubrir la jubilación de una población que gracias a los adelantos médicos vive mucho años más allá de lo estimado cuando se aprobó la ley en 1935. Peor aún, el gobierno federal lleva años tomando dinero prestado de los fondos del seguro social y parece que nunca lo devuelve. De cualquier modo, la intención el seguro social nunca fue que los jubilados vieran ese cheque como la única fuente de ingresos después de retirarse de sus empleos. Se supone que habrían ahorrado algún dinero por su cuenta o que las empresas donde trabajaban ofrecieran un plan de retiro o que habrían comprado una casa o hecho otras inversiones. Pero no todo el mundo lo hace. Sobre todo una gran mayoría de latinos. Y ese es el precipicio al que me refiero. Y por ahí sí que se va a despeñar un gran número de la nueva generación de latinos si no aprenden a planificar su jubilación. Año tras año, estudios y encuestas muestran que los latinos son el grupo poblacional menos preparado para el retiro. Somos los que menos ahorramos en todas las categorías. Una tercera parte de los encuestados dicen que no ganan lo suficiente para ahorrar ni la más mínima cantidad semanalmente. Pero las otras dos terceras partes que gana lo suficiente, no se molestan en hacerlo. Quizás piensa que nunca van a envejecer. Pues les tengo noticias: el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos. Nadie se salva de esa calamidad.< Esos que ahora están por los 30, deben sentarse con papel y lápiz y sacar cuenta de cuánto necesitará para vivir cuando se retiren. Y deben comenzar a ahorrar desde ayer si no quieren convertirse en viejos pobres contando centavitos para comprarse una lata de sopa. Sí hay manera de ahorrar. Por ejemplo, no comprándole a sus hijitos zapatos sneakers de $130 o cada juego electrónico que salga al mercado. Mejor ábrale una cuenta de ahorros para que vayan a la universidad y tengan buenos trabajos que les permita ayudar a sus padres cuando estos se retiren. También muchos latinos tienen que decidir si se van o se quedan. Muchos vienen con la idea de trabajar un tiempo, ahorrar un dinerito y volver a sus pueblos y construir una casita para pasar sus años de retiro viendo las cotorras volar. Pero muchos no logran ver ese sueño realizado y llegan a su "edad dorada" en este país, que no es muy amable para los viejos. Hay que clavarse en la mente la idea de que el seguro social es un fondo de retiro parcial y no el ganso de los huevos de oro.
November 29 2012, 1:20 AM
Por:
Dolores Prida