Rossana Rosado: la Campeona de los Hispanos

PUBLICADO: EST Nov 15, 2013 12:01 am EST

En una ciudad de muchos episodios oscuros, hay uno en particular que persigue a Rossana Rosado. Cuando ella era una reportera principante de El Diario/La Prensa, le tocó cubrir un caso de alegaciones de abuso infantil en una guardería de El Bronx. El caso, ocurrido en el verano de 1984, atrajo a multitudes de reporteros.

Con niños involucrados en el caso, la Ciudad y los medios corrieron a pedir que acusaran a los sospechosos. Pero Rosado había entrevistado a la gente en el vecindario afectado, el cual conocía muy bien —Soundview, donde ella creció — y lo que había descubierto de uno de los sospechosos no cuadraba con el perfil de un abusador infantil.

Cuatro personas fueron arrestadas, tres fueron hallados culpables y enviados a prisión. En dos de los casos, las acusaciones fueron revertidas. "Desde el principio, yo sentía que eran inocentes, pero era una postura controversial porque lo que la gente veía era a los niños testificando", dijo Rosado. Los fiscales habían incitado las respuestas de los sospechosos. Rosado llevó su preocupación a su editor, quien la sacó del caso.

"Siento que hubiera podido hacer un mejor trabajo", dijo Rosado. Y esa es la sensación que la sigue empujando a hacer el bien por la gente y a resistirse a ir con la corriente.

El legendario periodista Manuel de Dios Unanue y el gerente editorial Carlos Ramírez pronto reconocieron que Rosado estaba hambrienta por aprender y que el liderazgo era algo natural en ella.

Pero ganarse el respeto en una sala de redacción llena de humo de cigarrillos, donde sólo se hablaba español y los hombres trataban a las colegas con piropos, no era una camino fácil, especialmente para una joven nacida en Nueva York con un español medio crudo. "Esa redacción me enseñó como ser fuerte", recordó Rosado.

Hasta ese momento, su mundo había sido boricua y dominicano, pero en El Diario llegó a conocer a personas de diferentes partes de Latinoamérica. Poco a poco estableció lazos de confianza con sus compañeros, al punto que algunos dependían de ella para navegar a través de la tecnología y a otros los ayudaba con el inglés.

Pero había aprendido a defenderse desde temprana edad. La mayor de cuatro hermanos, Rosado tomó un rol común en muchas familias hispanas, el de "la responsable", la primogénita que vigila a los hermanos menores, prepara la cena y hace los mandados.

Apenas entrada en sus 20s, y en sólo cinco años, Rosado paso de excavar historias para la portada sobre corrupción y crimen, a ser editora de la sección de Metro.

Se separó de El Diario por siete años para trabajar en WPIX, donde fue productora de la primera edición televisiva del Desfile de Puerto Rico. Los espectadores llamaban furiosos a la estación cuando escuchaban español en el canal.

Con un Emmy en su haber, se fue a trabajar a la Corporación de Salud y Hospitales de la ciudad en el área de planificación estratégica y servicios de gerencia.

Estaba casada, con dos hijos y ganando "buen dinero" cuando Ramírez y el entonces copropietario de El Diario, Peter Davidson, llegaron a tocarle la puerta. Le ofrecieron regresar como Editora en Jefe, con un salario más bajo. A la edad de 34, hizo historia convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo en el periódico.

"Había gente que pensaba que la clave para el éxito de El Diario era convertirlo en una copia de los demás", dijo, agregando que algunos tenían miedo de arriesgarse a hacer algo distinto. "Alguno editores estaban complacidos cuando El Diario publicaba en portada lo mismo que los otros diarios. Teníamos que ser diferentes".

El periódico entonces se enfocaba en el arte y la cultura. "Pero los periódicos no viven ni respiran así", dijo. Eso, explicó, distancia a EDLP de las realidades de los lectores que tienen que bregar con problemas en la corte de vivienda o en otras instancias. "Para ser un buen periodista, tienes que tener un interés genuino en la gente".

Rosado reestructuró la sala de redacción y expandió el periódico para incluir la edición dominical. También contrató al primer editor gay, una decisión celebrada por activistas latinos LGBT.

"Lo más importante en cada negocio que presta servicio al público, como en los periódicos, es la gente", dijo Rosado. "Lo que ayuda a construir una reputación y una marca no es el nivel de ingresos... cuando valoras las relaciones, el dinero llega".

"Siempre le dejamos claro a los lectores que estábamos dispuestos a mantener nuestros principios y levantarnos ante una causa", dijo Rosado.

Influencia política

Tras la muerte de Carlos Ramírez en 1999, Rosado fue designada gerente editorial. Tenía 38 años. Gerenció durante una serie de retos, entre ellos, las nuevas demandas corporativas y realidades digitales de la industria, y una operación directamente afectada por los ataques del 11 de Septiembre.

También trabajó para elevar la influencia política de El Diario más allá de la comunidad latina. Rosado fue parte de equipo de transición de alcaldes y ha formado parte de importantes juntas.

Rosado vio en su rol de gerente de El Diario la oportunidad de abrir puertas para los hispanos, a diferencia de sus predecesores que encontraron el poder de su posición incómodo o lo evitaron.

En algunos casos sus decisiones provocaron ira. Cuando El Diario no respaldó la candidatura de Adolfo Carrión para presidente del condado de El Bronx, por ejemplo, Rosado fue fuertemente criticada por funcionarios electos hispanos.

Así como se abrió camino como reportera, asimismo lo hizo entre círculos de poder. Como lo pone ella misma con su típico buen humor: no es raro que la vean como "la gorda de piel marrón", y la saludan con sorpresa ante su cargo.

Un nuevo capítulo

Veintidós años de la vida profesional de Rosado han sido en El Diario. Ahora se va para enfrentar un nuevo reto.

Dejará de ser una alta ejecutiva de medios para perseguir una de sus pasiones: trabajar con presos y los que salen de la prisión.

Esta causa –reintegración de prisioneros a la sociedad— le tocó el corazón hace años cuando ayudó a un primo que salía del sistema de cárceles a conseguir empleo y vivienda. "Con todo el apoyo que teníamos, el proceso fue muy difícil", dijo. Eso la hizo pensar en las familias de menos recursos. "Las cárceles son para deconstruir a las personas, la reintegración es para reconstruirlas. Yo siento que puedo ayudar con eso".

Su trabajo en esta área le ha ganado la admiración de líderes de la justicia criminal. "Lo que uno aprende rápidamente de ella es que éste es un tema que a la mueve profundamente. Su voz logra la atención de la gente", dijo el presidente de John Jay College, Jeremy Travis.

Cuando Rosado anunció que se iba de El Diario (permanecerá como Gerente General Emérito), muchos empleados hicieron fila para desearle bien. Algunos lloraron. Eso es porque Rosado ha asistido a bodas, ha consolado a colegas cuando han perdido a seres queridos, y ha ayudado a padres a negociar paquetes de ayuda financiera para pagar la universidad de sus hijos.

A veces puede pasar por dura, pero es ese toque personal y real –ese sentimiento de tener un aliado en los momentos duros— lo que Rosado ha insistido en instituir en El Diario. Ese es su legado.

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