Bemoles de la democracia
El mexicano no sabe perder y en una lucha electoral solo uno sale victorioso para representar a todos
Estamos viviendo un importante momento político, tanto aquí, como al otro lado de la frontera. Creo, sin intento de exagerar, que todo el concepto de democracia está en juego.
La recién terminada Convención Republicana no me satisfizo del todo. Hubo política pero careció de medula. Me pareció más un desahogo en contra de Obama que una reunión para hacer planteamientos concretos para la solución de los problemas nacionales, que son muchos.
El senador Rubio, de la Florida, me decepcionó. No habló de la importancia de los latinos, sino de la suya. Solo llevó agua a su molino y se empeñó en mostrarse como futura estrella en el firmamento republicano.
El discurso de Romney fue bueno, pero su oratoria carece de "ese algo", de los grandes líderes que arrebata a sus oyentes incluso cuando dice cosas interesantes e importantes.
¡Las porras organizadas no cuentan!
Espero que la Convención Demócrata (que se inició al escribir esta nota) no caiga en lo mismo y que terminada ésta tengamos algo más que el reporte de los millones con los que cuentan los candidatos para destruirse mutuamente.
Ojalá se impida que se amplíe aun más la absurda división que se ha creado entre republicanos y demócratas que actualmente más parecen ser ejércitos enemigos que partidos en contienda electoral… ¡Y eso en la democracia más grande del mundo… esa que la predica!
A mi me duele que el país esté dividido en dos. A como lo veo en las encuestas, en las que no creo del todo, en las elecciones de noviembre ninguno logrará un mandato que le permita gobernar por si solo; urge volver a la razón, urge recobrar la capacidad de negociación y reestablecer el respeto para aquellos que no piensan como uno.
A mí, en lugar de tanta retórica venenosa, me gustaría que técnicos en cada materia, economistas e investigadores presentaran los 10 problemas más serios que enfrenta el país, considerando la situación nacional y mundial. Y que cada candidato presente sus ideas y señale el camino para solucionarlos, estableciendo plazos, demanda y origen de recursos y discutir esos planteamientos, y no perdernos en el campo demagógico o puramente ideológico.
Para esto último habrá tiempo… y se hará de todos modos.
Claro que estoy soñando, porque aquí no se trata de ver quién pudiera tener razón ni que sería lo más conveniente hacer, sino de destruir olvidando que nadie posee toda la verdad o toda la razón, pero cualquiera puede tener una idea muy valiosa… aunque sea del "otro partido" o de ninguno.
Al sur de la frontera la situación es complicada. México no es un país bipartidista; hay varios.
En esta ocasión los tres importantes fueron el PRI de centro izquierda, el PRD de izquierda y el PAN de derecha, actualmente en el poder.
Esas elecciones ya las ganó el PRI tras 12 años de gobernar el PAN que quedó en tercer lugar.
La izquierda, con más de 13 millones de votos ocupó el segundo lugar, tres millones atrás del PRI.
No obstante esa diferencia, su candidato, Manuel López Obrador, exigió que se anulara la elección alegando fraudes, compra de votos y propaganda ilegal en la televisión. Tras meses de revisiones, de recuento de votos y de analizar esas quejas, el Tribunal Electoral las desechó y confirmó a Enrique Peña Nieto, del PRI, como presidente electo de México.
La izquierda, representada por Manuel López Obrador, que fue su candidato y que se había comprometido públicamente a respetar el fallo de los tribunales, se rebeló anunciando su inconformidad y señalando a Peña Nieto como presidente electo ilegítimo, producto de un procedimiento fraudulento. Anunció que de no procederse a nuevas elecciones convocará a la "desobediencia civil".
Si consideramos que la izquierda obtuvo 13 millones de voto, uno se tiene que preguntar qué significa esa convocatoria a la desobediencia civil y cuál el alcance de calificar al presidente electo como ilegítimo.
El Tribunal Electoral revisó de nueva cuenta el proceso y cada una de las quejas de López Obrador, anulando en el procedimiento cerca de medio millón de votos. Pero la ventaja del PRI es demasiada y además casi todas las quejas fueron desechadas.
Como consecuencia se confirmó a Peña Nieto como presidente electo, quien fue felicitado por el presidente Calderón, del PAN, pero López Obrador insiste en no reconocer el triunfo del "priista".
En una entrevista se le preguntó a Peña Nieto si estaría dispuesto a entrevistarse con López Obrador.
La respuesta fue que tan pronto lo reconociera como presidente electo lo haría; o sea de eso nada…
La mayoría de la gente en México, cansada de la violencia de la lucha de los cárteles de la droga, esperaba que tras una elección tranquila viniera una transición igual, está preocupada porque "desobediencia civil" suena a violencia,
Además: ¿A dónde puede llevarla López Obrador si el mismo congreso ya reconoció el triunfo de Peña Nieto, que ahí tiene el mayor número de votos, pero esta lejos de una mayoría absoluta?
La democracia en México tiene sus bemoles, ya que el mexicano no sabe perder y en una lucha electoral solo uno sale victorioso y finalmente representa a todos.
López Obrador tiene la palabra y nosotros la curiosidad y esperanza de que quien encabeza la segunda fuerza política del país, sepa usar su fuerza en el marco de la legalidad.
La recién terminada Convención Republicana no me satisfizo del todo. Hubo política pero careció de medula. Me pareció más un desahogo en contra de Obama que una reunión para hacer planteamientos concretos para la solución de los problemas nacionales, que son muchos.
El senador Rubio, de la Florida, me decepcionó. No habló de la importancia de los latinos, sino de la suya. Solo llevó agua a su molino y se empeñó en mostrarse como futura estrella en el firmamento republicano.
El discurso de Romney fue bueno, pero su oratoria carece de "ese algo", de los grandes líderes que arrebata a sus oyentes incluso cuando dice cosas interesantes e importantes.
¡Las porras organizadas no cuentan!
Espero que la Convención Demócrata (que se inició al escribir esta nota) no caiga en lo mismo y que terminada ésta tengamos algo más que el reporte de los millones con los que cuentan los candidatos para destruirse mutuamente.
Ojalá se impida que se amplíe aun más la absurda división que se ha creado entre republicanos y demócratas que actualmente más parecen ser ejércitos enemigos que partidos en contienda electoral… ¡Y eso en la democracia más grande del mundo… esa que la predica!
A mi me duele que el país esté dividido en dos. A como lo veo en las encuestas, en las que no creo del todo, en las elecciones de noviembre ninguno logrará un mandato que le permita gobernar por si solo; urge volver a la razón, urge recobrar la capacidad de negociación y reestablecer el respeto para aquellos que no piensan como uno.
A mí, en lugar de tanta retórica venenosa, me gustaría que técnicos en cada materia, economistas e investigadores presentaran los 10 problemas más serios que enfrenta el país, considerando la situación nacional y mundial. Y que cada candidato presente sus ideas y señale el camino para solucionarlos, estableciendo plazos, demanda y origen de recursos y discutir esos planteamientos, y no perdernos en el campo demagógico o puramente ideológico.
Para esto último habrá tiempo… y se hará de todos modos.
Claro que estoy soñando, porque aquí no se trata de ver quién pudiera tener razón ni que sería lo más conveniente hacer, sino de destruir olvidando que nadie posee toda la verdad o toda la razón, pero cualquiera puede tener una idea muy valiosa… aunque sea del "otro partido" o de ninguno.
Al sur de la frontera la situación es complicada. México no es un país bipartidista; hay varios.
En esta ocasión los tres importantes fueron el PRI de centro izquierda, el PRD de izquierda y el PAN de derecha, actualmente en el poder.
Esas elecciones ya las ganó el PRI tras 12 años de gobernar el PAN que quedó en tercer lugar.
La izquierda, con más de 13 millones de votos ocupó el segundo lugar, tres millones atrás del PRI.
No obstante esa diferencia, su candidato, Manuel López Obrador, exigió que se anulara la elección alegando fraudes, compra de votos y propaganda ilegal en la televisión. Tras meses de revisiones, de recuento de votos y de analizar esas quejas, el Tribunal Electoral las desechó y confirmó a Enrique Peña Nieto, del PRI, como presidente electo de México.
La izquierda, representada por Manuel López Obrador, que fue su candidato y que se había comprometido públicamente a respetar el fallo de los tribunales, se rebeló anunciando su inconformidad y señalando a Peña Nieto como presidente electo ilegítimo, producto de un procedimiento fraudulento. Anunció que de no procederse a nuevas elecciones convocará a la "desobediencia civil".
Si consideramos que la izquierda obtuvo 13 millones de voto, uno se tiene que preguntar qué significa esa convocatoria a la desobediencia civil y cuál el alcance de calificar al presidente electo como ilegítimo.
El Tribunal Electoral revisó de nueva cuenta el proceso y cada una de las quejas de López Obrador, anulando en el procedimiento cerca de medio millón de votos. Pero la ventaja del PRI es demasiada y además casi todas las quejas fueron desechadas.
Como consecuencia se confirmó a Peña Nieto como presidente electo, quien fue felicitado por el presidente Calderón, del PAN, pero López Obrador insiste en no reconocer el triunfo del "priista".
En una entrevista se le preguntó a Peña Nieto si estaría dispuesto a entrevistarse con López Obrador.
La respuesta fue que tan pronto lo reconociera como presidente electo lo haría; o sea de eso nada…
La mayoría de la gente en México, cansada de la violencia de la lucha de los cárteles de la droga, esperaba que tras una elección tranquila viniera una transición igual, está preocupada porque "desobediencia civil" suena a violencia,
Además: ¿A dónde puede llevarla López Obrador si el mismo congreso ya reconoció el triunfo de Peña Nieto, que ahí tiene el mayor número de votos, pero esta lejos de una mayoría absoluta?
La democracia en México tiene sus bemoles, ya que el mexicano no sabe perder y en una lucha electoral solo uno sale victorioso y finalmente representa a todos.
López Obrador tiene la palabra y nosotros la curiosidad y esperanza de que quien encabeza la segunda fuerza política del país, sepa usar su fuerza en el marco de la legalidad.

















