El Papa Francisco visitó a reos en Ciudad Juárez

Ante 700 presos elegidos para estar en la misa especial, el Sumo Pontífice criticó la falta de reinserción

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El Papa Francisco visitó a reos en Ciudad Juárez
El Sumo Pontífice visitó a reos en CIudad Juárez.
Foto: EFE

CIUDAD JUÁREZ,  México – El papa Francisco visitó este miércoles en el último día de su visita a México la cárcel de Ciudad Juárez, el Cereso 3, y desde allí criticó la falta de un sistema de reinserción y animó a los presos a colaborar.

Estoy concluyendo mi visita a México y no quería irme sin venir a saludarlos“, les dijo el papa Francisco, quien quiso celebrar con los presos “el Jubileo de la Misericordia”, el Año Santo que comenzó el pasado 8 de diciembre.

Francisco que visita una cárcel mexicana después del motín en la cárcel estatal de Topo Chico, en Monterrey, en la que murieron 49 presos, criticó en su discurso el ineficaz sistema carcelario y de rehabilitación.

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Ya tenemos varias décadas perdidas pensando y creyendo que todo se resuelve aislando, apartando, encarcelando, sacándonos los problemas de encima, creyendo que estas medidas solucionan verdaderamente los problemas”, lamentó Francisco en su discurso.

Ante los 700 presos elegidos entre los cerca 3,000 encarcelados en esta prisión que se encontraban en el patio de la cárcel, denunció que se haya olvidado que lo realmente importante es “la vida de las personas; sus vidas, las de sus familias, la de aquellos que también han sufrido a causa de este círculo de la violencia”.

Para Francisco, las cárceles “son un síntoma de cómo estamos como sociedad, son un síntoma en muchos casos de silencios y omisiones que han provocado una cultura de descarte”.

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“Son un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida; de una sociedad que ha ido abandonando a sus hijos”, agregó.

Francisco, que ya ha visitado varias cárceles en sus viajes y también en Roma, aseguró que la reinserción “no debe comenzar en estas paredes sino que comienza antes, comienza afuera, en las calles de la ciudad”.

Para ello, agregó el papa, “la reinserción o rehabilitación comienza creando un sistema que podríamos llamarlo de salud social, es decir, una sociedad que busque no enfermar contaminando las relaciones en el barrio, en las escuelas, en las plazas, en las calles, en los hogares, en todo el espectro social”.

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También criticó cómo a veces parece “que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos más que promover los procesos de rehabilitación que permitan atender los problemas sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona a determinada actitud”.

Según el pontífice, el problema de la seguridad “no se agota solamente encarcelando, sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social”.

Para evitar que se creen estas situaciones, la reinserción social debe comenzar antes con medidas “como insertar a los hijos en las escuelas, y a sus familias en trabajos dignos, generando espacios públicos de esparcimiento y recreación, habilitando instancias de participación ciudadana, servicios sanitarios o acceso a los servicios básicos”.

Francisco dio así su receta para mejorar el sistema carcelario de un país como México que tiene 400 prisiones, 250,000 presos y de estos 8,000 son mujeres.

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A los 700 presos que le escucharon en la cárcel, Francisco les dijo que muchos “sufren el dolor de la caída” y “sienten el arrepentimiento de sus actos” y en tantos casos “buscan rehacer su vida desde la soledad”.

“Han conocido la fuerza del dolor y del pecado”, les dijo, pero les invitó a no olvidar que “también tienen a su alcance la fuerza de la resurrección, la fuerza de la misericordia divina que hace nuevas todas las cosas”.

“Ahora les puede tocar la parte más dura, más difícil, pero que posiblemente sea la que más fruto genere”, les animó.

Francisco les pidió: “luchen desde acá dentro por revertir las situaciones que generan más exclusión. Hablen con los suyos, cuenten su experiencia, ayuden a frenar el círculo de la violencia y la exclusión”.

Porque, agregó, “quien ha sufrido el dolor al máximo, y que podríamos decir experimentó el infierno, puede volverse un profeta en la sociedad”.

“Si dijese lo de quien está libre de pecado que tire la primera piedra. Yo me tendría que ir”, les dijo a los presos.

Y agregó, ante el total silencio, en el patio de la cárcel: “Siempre que entro en una cárcel me pregunto, por qué ellos y yo no”.

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