“Deja Vu” (o por qué vengo a correr el maratón de NYC cada año)
Rafa Vega lleva una década viniendo desde España cada año para correr el maratón de Nueva York
Por segunda vez en el mismo día vuelven a ser las 4:00 de la tarde. Hace 5 horas al otro lado del Atlántico y ahora, recién aterrizado en el JFK, en esta orilla. El cambio horario provoca un deja vu que tiene alterados mis biorritmos. No sé si volver a almorzar, si tal vez cenar, si dormir o esperar un rato más para irme a la cama.
No es lo único que se repite: como cada final de Octubre, regreso a la “Gran Manzana”. Es la octava vez que lo hago para correr la Maratón de Nueva York. Desde hace casi una década vivo instalado cómodamente en ese bucle que empieza y acaba en Central Park, y dura 365 días.
Las puertas de la terminal se abren, son la invitación de la ciudad a que vuelva a abrazarme a ella. A pesar de que llego siendo ya prácticamente un veterano, tengo las mismas incertidumbres que cuando vine a estrenarme. Inevitablemente, año tras año, la experiencia es como un chicle que se estira. Pero eso no garantiza nada.
“¿Por qué vuelves siempre a Nueva York?”, me preguntan siempre en la víspera de hacer la maleta. Les respondo parafraseando a los primeros conquistadores del Everest: “Porque está ahí”. ¿Qué razón tendría para no regresar a correr por sus calles? ¿Cuál sería el motivo de no recibir la energía de toda esta gente cada primer domingo de Noviembre? Sólo la salud podría impedirme vivir esta gran fiesta de la vida. Hasta ahora, ha sido generosa conmigo. Y siempre que vengo lo agradezco y pido poder seguir haciéndolo. “Sólo un año más”, me digo cuando cruzo la línea de meta. Y así llevamos desde 2008…
El trayecto en taxi hasta Manhattan lo hago instalado entre recuerdos de cada una de mis maratones aquí: la primera vez, el año que corrí con aquella persona tan especial, cuando lo hice por una causa solidaria, ese huracán Sandy que no pudo detenernos para correr los 42 kilómetros…
Evidentemente, no soy la misma persona que en cada uno de esos momentos. Pero este deja vu me permite volver a encontrarme con quien fui. El pasado y el presente se cogen de la mano para salir a pasear. Es un acto de reconciliación conmigo mismo, de aceptación y, sobre todo, de afirmación: quiero seguir recordando, quiero seguir viviéndolo y quiero cerrar los ojos el domingo en la meta diciendo: “sólo un año más”.